Más allá de todo lo vivido, de los buenos momentos, la falta de estabilidad laboral fue una sombra constante. Porque, al final, la seguridad y la claridad iluminan los días de cualquier persona.
Y así como todo cambió hace tres años, cuando la empresa de electrodomésticos donde trabajaba decidió prescindir de mis servicios, o cuando la empresa de seguridad que impulsaba mi crecimiento de repente truncó mi camino con un despido… desde entonces, mi vida perdió el norte, el foco, la luz del faro.
Y al fin… la luz al final del túnel, la claridad entre las rocas, el faro en medio de la tormenta. Siempre estuvo ahí, aunque a veces no lo veía.
Los amigos, la familia, los compañeros del deporte… ellos siempre están. Y creo que son la motivación más grande, incluso cuando la oscuridad parece total. Son esos faros que nunca se apagan.

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